Estoy soñando. Sueño que estoy despierto.
No hay ventana que me impida respirar, ni persiana que me alumbre con opacas luces. Solo veo al Sol colarse en mi habitación, exiliando a la oscuridad de cada rincón. Alumbra con fuerza los espejos de proyectos pasados, cuyos reflejos me deslumbran con esperanzas futuras. Alumbra mis labios dibujando una sonrisa de complicidad con esos rayos que me atraviesan. Alumbra la sombra que forman mis miedos, mis penas y mis preocupaciones, nos alumbra a mi y a mi propia sombra. Alumbra esos árboles que crecen en mi cuarto cargados de hojas perennes y alumbra las aguas cristalinas de ese río en el que el veneno ha muerto por intoxicación y sólo reinan la paz y la luz. Todo es perfecto y no existen motivos para abandonar mi nuevo trono de perfección, para moverme de mi habitación poseída por un Paraíso con Evas pero sin Adanes, con manzanas pero sin serpientes. El mundo no me necesita, pues es perfecto; yo tampoco necesito nada de él, también soy perfecto.
Si algo me da miedo ahora es el momento del final. El desengaño que se producirá al despertar y darme cuenta un día mas que todo ha sido un sueño. Sé que va a llegar el momento tarde o temprano pero, afortunadamente, un pájaro de miles de colores me ameniza con una repetitiva y conocida melodía la espera. Su sonido cada vez se hace mas artificial y pesado, a la par que decenas de nubes negras comienzan a enclaustrar el Sol que ahora me clava su deslumbrante mirada con una inquietante expresión traicionera y atormentada. La misma expresión se refleja en mi rostro al calzarme las zapatillas y ponerme en pie. Inquieto y nervioso, me acerco a la ventana con intención de fundir los plomos de la oscuridad que ocupa mi alrededor. Siento alivio y sonrío al descubrir que al menos, tras la ventana y la persiana, sigue estando el Sol igual de radiante y con la misma sonrisa que, pese a que mis ojos cegados no logran apreciar, sé que está ahí. Sonrío porque sé que ha llegado un nuevo día en el que intentar que sean alumbradas las sombras de mis miedos, penas y preocupaciones. Sonrío porque esas sombras son, por qué no, un motivo mas para levantarme cuando brilla el Sol y un motivo mas para acostarme cuando la Luna tome el relevo, y la oscuridad alumbre mi luz...y mi realidad vuelva a confundirse entre luces y sombras en mi propio mar de sueños soñados...

Parece que el sol es por si mismo un motivo para tirar de los días para los que vivimos entre las sombras. Quizá tanta luz nos parece el augurio de una esperanza venidera, o quizá nos consuela saber que el mundo vive ajeno a las tormentas que asolan nuestro pensamiento.
Me ha encantado leerte, como siempre...
Seguramente sin las ilusiones y sin la luz que nos da ese sol y ese sueño del que hablas no seriamos capaces de seguir adelante.
En fin manu me has vuelto ha sorprender con tu artículo.
Gracias otra vez por haber creado este blog.
Tengo el defecto de no acordarme de lo que sueño la mayoria de las veces, aunque realmente no sabria decir si esto es del todo un defecto... es bonito tener sueños como el que has descrito pero como tu mismo has apuntado, luego hay que enfrentarse a una realidad que desearias que fuera mejor.
El concepto es sencillo, y pienso lo mismo que tu: que es gracias a estos sueños que nos levantamos dia tras dia con ilusion para que nuestra mirada atraviese esa ventana con aires de esperanza y curiosidad por lo que nos depararán las nuevas circunstancias.
Bueno maaaanu, puedes ver que no es un comentario muy lucido. Sigue escribiendo, espero hacerlo mejor la proxima vez... un abrazo tio
No tenia ni idea de que escribias tan bien. Me ha gustatado muchísimo tu historía. Me ha alegrado el día. Me encanta como has descrito ese momento de sentirte bien, positivo. Esperando un futuro sin duda bueno a pesar de los temores que podamos tener. Sigue enviando email's cuando escribas. Nos vemos n Asturlandia.
Hola!nuevamente entro por aqui,aunque no entre mucho,sigo tu evolucion hasta ahora correcta,mira,unos versos recien salidos de mi pluma:
-Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
-Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.