EL ÁRBOL SIN HOJAS

Arbol, engaño, desnudo, latido, orgasmo, sangre, otoño, hoja, recuerdo, complicidad, viento, luz, placer, odio, oscuridad, primavera, calma, amor, olvido.
Palabras asociadas a imágenes, imágenes asociadas a un sentimiento asociado a su vez a una simple palabra. Cuando las venas de la vida se mueren por falta de riego y la tempestad pone fin a esa calma erótica, a ese yin sin yan, a esa acción sin reaccion, a ese amor sin rutina, es cuando uno, lejos de encontrar el significado de algunas palabras fuera del diccionario, trata de idealizar su presencia en el futuro, a la espera de que con la primavera llegue el calor y acabe así la hibernación a la que hemos sometido a nuestro corazón como medida de defensa ante posibles heladas de ese sentimiento casi muerto.
Las cosas han mejorado desde hace tres meses, pero si algo hay que no ha cambiado, es esa sensación de ganas de vivir y de morir a la vez que se funden en la angustia de saber que lo que necesito para volver a vivir es lo que me esta matando día y noche.
Nada que ver con aquel 1 de abril en el que mi vitalidad se veía reflejada en mis ojos y mis propias ganas de conseguir cosas eran las que me daban ganas para seguir adelante. A esto se le llama ser autosuficiente, y, efectivamente, lo era...pero por poco tiempo.
Se habría paso una mañana primaveral, y yo me habría paso entre la multitud. El mundo me sonreía a mí, y yo le sonreía a él, como si de un contagio de sensaciones se tratase. Aquel cielo azul, aquel sol en el zénit iluminando los jardines libres de escarcha, todo ello era el reflejo de mi alma alegre y activa, mi espejo a gran escala. La gente me miraba y me sonreía porque veía todo aquello en mi rostro. El cierzo matutino soplaba a mi favor de manera intensa y movia las ramas de los árboles como queriendo enseñarme algo. Fué entonces cuando al ver las nuevas hojas que crecían con un color verde intenso, volvieron a mi mente los recuerdos de la anterior primavera, en la que mi corazón había latido por última vez de manera acelerada, y mi sonrisa se había tatuado en mi cara tanto tiempo como había tardado en llegar el otoño. Pensé que quizás era ahora el momento de sentir un nuevo latido aun mas intenso, que repartiera sangre pura por todo mi cuerpo para siempre y que acabara con aquellas ramas tristes, grises y cargadas de buenos recuerdos olvidados... y el latido llegó. Llegó a la vez que ella entró en mi vida sin llamar a la puerta, como sabiendo en todo momento cual era su propósito y su papel a desempeñar en mis días. Mi cuerpo gozaba de esa sangre tan deseada, mi alma se pobló de hojas que taparon las tristes ramas de recuerdos olvidados, forrándolas de olvidos recordados.
Fueron meses de paseos por ese nuevo bosque, bebiendo de sus ríos, alimentándonos de sus frutos y con la única preocupación de conseguir que ese contacto carnal hiciera que mis latidos llegaran a su corazón, y así yo poder latir por ella, una y otra vez, de manera que mi corazón y mi roce fueran imprescindibles para su dulce supervivencia. Tal fue mi implicación en esa escalada sin arnés, en ese orgasmo de orgasmos, que vista, gusto, oído y olfato se aferraron a la tarea de sentir el tacto de su piel y la manera en que los latidos mantenian comunicados nuestros cuerpos en un circuito cerrado totalmente endotérmico. Pero cuando la vida nos proporciónó cinco sentidos, fue para usarlosy una vez mas, la ceguera que me producía el placer de llegar a la cumbre lo antes posible no me permitía darme cuenta de que allí arriba no había sitio para los dos.
El paso del tiempo le hizo a ella ver que no solo había bosques en el mundo, en el que la diversidad de paisajes puede llegar a ser abrumadora. El inoportuno instinto humano de la curiosidad por lo desconocido le llevó a bañarse en océanos de alquitrán, a buscar otros océanos inexistentes en grandes desiertos y a probar las blancas sábanas de la sabana. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ni siquiera el bosque tan bonito que yo intentaba ofrecerle podía saciar su hambre de conocer, de fracasar, de amar, de odiar y de triunfar. Yo me quedé solo en mi bosque, bajo las lluvias torrenciales de verano, sin el mas mínimo coletazo de cariño que absorviera las gotas de mi cielo y sin una ráfaga d de comprensíon que limpiara las lágrimas de mis ojos. De esta manera amarga como el sabor de mis lágrimas, me enteré de que los latidos compartidos iban en sentido opuesto y que el corazón que necesitaba que trabajaran por él era el mio, como siempre el mio.
Ese día, cuando volvía a mi casa con intención de hibernar, no sé si la gente y el sol me sonreían, pues mis ojos no veían mas que la insistente lluvia que ellos mismos generaban. El cierzo soplaba en mi contra, lo cual dificultaba excesivamente el seguir adelante en mi camino...y las hojas secas que se abalanzaban sobre mi cara no me dejaban ver con claridad qué camino tomar en mis próximos pasos. Quizás vuelvan a crecer otras el próximo año, pensaba, y entonces se queden para siempre y todo se arregle...o quizás vuelvan a caerse una vez mas y así tendré que seguir caminando cegado por su culpa al ritmo de los látidos de mi corazón enfermo.
Con cariño, a todos los que se han enamorado de verdad alguna vez.



morla dijo
Pensamientos a las 2:36 de la madrugada...
bonito post, realmente bonito. Doloroso también, pero transformar el dolor en algo bonito es tarea de poetas, así que ya ves lo que nos toca...
Un corazón nunca puede latir en dos cuerpos, se agota y por más que lo intente a la larga es insuficiente para el otro, que quiere un latido completo cuando tu solo puedes darle la mitad del tuyo. Amar es acompasar los latidos, comer el mismo pan cada uno de su trozo, lo que es lo mismo, andar el mismo camino pero cada uno con sus pies. Comprender esto me llevó tiempo y (créeme) más lágrimas de las que creí poder llorar, pero pienso que amar no es necesitar al otro ni que el otro te encuentre indispensable, sino todo lo contrario, ser feliz solo y a pesar de eso querer. Cuando necesitamos al otro, en realidad estamos proyectando nuestras faltas, es decir, le pedimos al otro que nos haga feliz (o el otro nos lo pide, que es lo mismo). El amor es poder decir: soy feliz sin tenerte, me levanto cada día con ganas de vivir, sonrío, no te necesito... y a pesar de eso te quiero.
Como dijo Tagore, y ya no me explayo más, desátate de su hechizo para poder entregarle tu corazón libremente.
Besos y gracias por el comentario... Nos leemos.
7 Diciembre 2005 | 02:43 AM